
Que pronto os apuntáis
para contarme mi patria.
Veis un video en Internet
y ya sabéis de su gracia,
de su historia, de su vida,
de sus leyendas y fábulas,
de sus silencios ocultos
y del sonido que emana
de la brisa que acaricia
con el frescor sus mañanas.
Con el libro de Petete,
culmináis ya vuestra cátedra,
y memorizáis sus datos;
sus datos, y sus erratas,
y empezáis a largar fiesta
y a contar vuestras batallas
exagerando el acento
si para el fin hace falta.
Y me contáis lo que ha sido
mi nacimiento y mi infancia,
mi adolescencia de amores
y mi madurez fraguada
mamándola día a día;
paseando por su alma;
queriéndola como mía;
sintiéndola como amada.
Y entre el despiste de algunos,
los tópicos, las erratas,
y la manipulación de otros
queriendo llevar el ascua
al lado de sus mentiras
y la verdad ocultarla,
resulta que yo he nacido
en Segovia, por mis castas,
o me estoy amamonando
por la edad y por las canas
y me saltan los fusibles
y no me acuerdo de nada.
Yo creía que donde un día
la primera luz me daba,
era un barrio de Sevilla
al que llamaban Triana,
con sus casas, con su puente,
con su gente; buena y mala,
sus fiestas, sus hermandades,
sus peñas y su cucaña…
Y ahora resulta que no;
que nada de eso es Triana,
sino que es procesión
con una Virgen “mu” Guapa.
La Feria, ahora son “las ferias”,
los faralaes; las gitanas,
los churros; los calentitos,
y si los pasos no “bailan”
es que no saben andar,
o su andar, no es Triana,
a no ser que en un despiste
meta el patero la pata
-la suya, no la del paso-
y dé aquello cojeadas.
Entonces los del Petete,
los videos y las erratas,
comenzarán sus pregones:
¡óle, óle, así se anda!
con la “grassssia” de Sevilla;
con andares de Triana.