Calesita

Aún existía la cochera de tranvías, que pasó a ser el garaje donde pernoctaban los autobuses de Coria y La Puebla. La avenida de Coria era un vergel de moreras donde los chiquillos teníamos la merienda garantizada con el dulce manjar que siempre había que limpiarlo con moras verdes en las manos y la boca para que tu madre no sospechara que habías estado subiéndote en el peligro de los árboles.
Los pisos del Tardón – Barriada de San Gonzalo, a la que el barrio soberano le cambió el nombre por lo que tardaron en terminar y entregar los pisos: El Tardón – lucían su nuevo porte, rodeados de campo, y un recién inaugurado Consultorio de la Seguridad Social sustituía al antiguo de la calle Reyes Católicos.
En ese pintoreo marco, hace cincuenta años, ya estaba la calesita de la Plaza de San Martín de Porres. Era la distracción que me aplicaba mi padre mientras mi madre acudía al médico de cabecera. En esa calesita, pasado el tiempo disfrutaron mis hijos. Ha sido regentada y disfrutada por tres generaciones de trianeros, pero parece que mis nietos sólo la podrán disfrutar en fotos.
Ultimátum. Es lo que parece que nuestro sufrido Ayuntamiento le ha puesto a ese carrusel de sueños. Quieren quitarla para construir quince plazas de aparcamiento.
¿Paradójico, verdad? Después de haberse cepillado todos los aparcamientos de la avenida de Coria y de la calle San Jacinto, ahora les estorba la calesita para construir quince.
¡Ay! mayo, agua de mayo… A ver si se acaba “La construcción de un sueño” y “La ciudad de las personas… cabreadas”.