Dos años

Hay que ver lo pronto que un cabrón pierde la memoria. Es lo mismo que me pasa a mí con el móvil, que muchas veces no sé dónde lo he puesto; pues eso es lo que le pasa a los cabrones, que no se acuerdan dónde han puesto un cadáver.
Dos años. Ni se sabe cuantos euros de gasto en una búsqueda imposible. Dos años de un desgaste sentimental en una familia que envejece contra natura; a marcha forzada.
Noches en vela. Preguntas sin respuesta. Ausencia de un lugar donde poder dejar una flor; un beso; una oración…
¿Qué habrá en el cadáver para que tengáis orquestada tan perfectamente su desaparición?
Seguramente un día veréis la calle; ella no. Seguramente volveréis a disfrutar de la vida; ella no. Seguramente algún otro inocente correrá el peligro al arrimarse a vosotros; espero tener suerte y que no me toque cerca.
Dos años de espera, y todo sigue igual… Menos vosotros, que cada día que pasa me dais más asco. El mismo que vuestro cobarde y cómplice entorno.