Primer final

Para el bloguero, es un momento de la Semana Santa sevillana que no por repetido deja de ser nuevo cada año: Domingo de Ramos, tras un día vivido intensamente desde primeras horas de la mañana, en la que hemos visitado los templos de las hermandades de la jornada para contemplar sus pasos detalle a detalle, en un acto, que repetiremos todos los días de la semana, pero que en éste día, como todo en él por ser el primero de una gloria esperada, lo hacemos de una manera especial:; después de haber disfrutado de las primeras cofradías en la calle, empieza el cuerpo poco a poco, dentro de un gratificante cansancio, a encajar una realidad esperada durante todo un año: es Semana Santa.
Y es al final del día, cuando vivo ese momento que quiero relatar: la hermandad de La Amargura discurre por Laraña, Encarnación… La cantidad de público ha bajado considerablemente y te puedes mover con cierta facilidad para contemplar los dos pasos en distintos sitios, el cuerpo además del cansancio nota otra sensación: ahora sí, ahora definitivamente se ha dado cuenta de que es verdad, que no es un sueño, es Domingo de Ramos. Pero también te das cuenta que se está acabando, que es el final del principio. Ha pasado el primer día de la Semana Santa casi sin darte cuenta a pesar de haberlo vivido intensamente. Pero disfrutando de la belleza incomparable de la Amargura recapacitas y piensas que es el primer día y que quedan muchos momentos por vivir durante toda la semana. La miras, y solo se te ocurre una frase: Dios mío, gracias por haber nacido en Sevilla y poder vivir lo que siento aquí y ahora.