Sillita

Tengo una silla plegable que no veas como es. Tiene suspensión hidráulica, posavaso y posapies, dos balcones a la calle, cuarto de aseo con bidé, aire con calor y frío y radio con emepetré.
Leviancargá a un bordador que me han dicho que es culé; y no porque sea del Barsa; sino ya me entiende usted:: culé terminado en o… ¡Que es mariquita, joé! Que le borde unos faldones para debajo esconder los vasos, los botellines y también el tapergüé. Porque ¿to no va ser rezar? ¿verdad, qué me dice usted? También habrá que jalá y habrá también que beber. Y con el paso del tiempo bambalinas le pondré, para que no desentone y por si empieza a llover; que un buen palio to lo tapa, y además le impido ver al que se ponga detrás y más tranquilo estaré. Lo malo va ser moverla de sitio una y otra vez, pero como costaleros sobran; y con las novias ¡ya ves! De los del relevo eterno y el saquito de croché, no creo que tenga problemas pa que a la voz de ¡a ésta es! Se me acerquen tropecientos para la silla mover y buscar más cofradías, y dar por saco otra vez.
Y así la semana entera, desde Pureza a Fabié, de Parras a Resolana o esperando al Gran Poder… Así que iros preparando porque sitio viacogé, y si usted quiere pasar, crudito lo va tener, porque de allí no me muevo ni con Cecop, ni sin él. Así que ahuecando el ala, o si no, ya sabe usted: se compra una de juez de tenis y verá que bien las ve… Lo malo es del balcón; pero que más da: ¡que le den!