Verano

Llegas hoy, como siempre, con la luz intensa de un largo día. Llegas con un calor que paradójicamente me refresca una memoria llena de nostalgia. Llegas hoy con tu color de higo chumbo y tu aroma de moña de jazmines a convertir mis recuerdos de infancia en unos pantalones cortos llenos de calle, asaltando las moreras de la avenida de Coria y una higuera que provocaba peligrosamente con su manjar, cual árbol del paraíso, frente al colegio de las monjas de la Cava.
El aire fresco de ésta mañana, me sabe a vacaciones escolares. Me sabe a intensas tardes en las que la siesta era un castigo materno, y te privaban de una algarabía provocadora a los mangueros que venían regando la Cava, y que echándonos agua, había veces que disfrutaban más que nosotros. Y tus atardeceres, inevitablemente, me traerán la infantil ilusión de una cartelera de cine de verano. ¡Ay! Cine de verano, donde el primer cigarrillo y el primer beso a escondidas. Donde el salitre de las pipas y el engollipamiento de las chufas se aliviaban en un fresco búcaro. Donde el levantamiento popular aparecía con el séptimo de caballería o con El Santo, el enmascarado de plata.
Y la Velá., verano, a un trianero siempre le sabrás a Velá. Inevitablemente. A otra Velá, como todo. A una Velá de Murga en un paupérrimo escenario del Altozano. De una cucaña sobre un río traicionero de baños a escondidas. De una Velá con pocas luces, poca gente y mucha gracia.
Hoy, verano, vienes de nuevo a llenarme de recuerdos y calor. Sólo te pido una cosa: déjame dormir la siesta, que desde hace ya mucho tiempo, dejó de ser un castigo materno.