Lagarto, lagarto

Hay que tener poco ángel. Hay que tener mucha guasa, para nombrarle al ahorcado la soga en su misma casa. Y se queda tan tranquilo. Encima va y lo traspasa. Y dice que lo pregonen por los templos, a su comparsa, y que en cada homilía pidan de agua dos tasas.
¿Será que tiene un cortijo?... ¿O será que es un bocazas?... Yo creo que lo que tiene es, sevillanitis-escasa. Porque hay que ser malage cuando la Cuaresma se alza en ecuador de azahares y la luz del día ya alcanza crepúsculos y amaneceres llenándolos con su gracia, que venga un esaborío, pidiendo al cielo borrascas.
Anda que tienes contenta a Sevilla y Torreblanca. Anda que tienes contento al de bocatas y latas que está contando los días para hacer dinero en caja. Y al de los globos de gas. Y al del pabilo en la caña. Y al que fríe calentitos con sus palos y su masa... Calentitos son jeringos… o churros, por si no lo cazas.
También tienes muy contenta a esa madre con la plancha preparándole a su niño su alba requeteblanca  para que sea el monaguillo más guapo de to la Cava. Y al cerero. Y al florista. Y a ese músico que ensaya. Y al costalero que entrena. Y a mi primo con su caja de madera cada año vendiendo tabaco y gracia.
Pide pa ti, picha mía. Pide pa ti la borrasca y deja el anticiclón aquí en lo alto, miarma. Y cuando en Santa Marina suene Amarguras con ganas, entonces; tan solo entonces, pídele al cielo to el agua.