Vergüenza


Para sentir vergüenza, es lógico que antes haya que tenerla. Es una máxima incuestionable. Una máxima de la que la inmensa mayoría de la clase política de este país, y por ende de esta ciudad, adolece.
Eso no quita, para que la mayoría de los sevillanos sintamos vergüenza ajena viendo las condiciones en las que se encuentra la Iglesia de Santa Catalina, Monumento Nacional desde principios del pasado siglo, y que solamente con el cinco por ciento de lo que ha costado el mamotreto de la Encarnación, quedaría en perfecto estado de revista.
Por lo que se ve, las personas que deseamos esa pronta restauración, no formamos parte de esta ciudad eterna con la que a más de uno se le llena la boca… y lo que no es la boca. No está de moda restaurar monumentos nacionales y menos, religiosos. Bueno, perdón; quería decir católicos. Eso no forma parte de la tercera modernización de esta tierra… ¿o ya vamos por la cuarta? La modernización por lo visto consiste en losetas playeras, bancos de dudoso gusto y farolas horrorosas.
Llegarán de nuevo las elecciones. Llegarán de nuevo los magos de chisteras. Llegarán de nuevo incluso los mismos diciendo las mismas mentiras… Y digo yo: ¿por qué no la arregláis ya? ¡Cojones! Que va a costar más recoger los escombros que mantenerla en pie.
Cuando haya elecciones, de nuevo votaré en blanco, naturalmente. Pero ya que me molesto, escribiré en la papeleta la palabra “vergüenza”, para que tome mi voto como propio el que más la necesite… ¡Ofú! Me parece a mí que una papeleta va ser poco…