Chalet adobado


Primero llegaron los de la piel sensible, y además de empezar a levantarte una chimenea en el ala norte con el doble de altura que la Giganta para que se escapasen todos los malos olores de los formateos y los mangazos del plan “E”… “¡Eh! alenvanta esta acera y vuélvela a poner, y si no te importa, pon el doble en er papé. Además, te cogieron el pasillo central, y lo vaciaron de coches para llenarlo de veladores y bicicletas… bueno, y algún que otro coche que se cuela, de esos de los que tú y yo pagamos el renting ¿mesentiende? Porque claro, tú y yo, si vamos buscando aparcamiento por la calle Castilla y no encontramos.- algo de lo más normal del mundo - nos tenemos que ir a dar la vuelta cerca de Tablada.  Pero para eso tenemos esos coches que como ya he dicho, tú y yo pagamos su renting, para que el que se monte – que naturalmente no somos ni tú ni yo – ni tenga que buscar aparcamiento ni tampoco tenga que ir a Tablada a dar la vuelta. Pogreso, dicen que se llama eso… ¡anda!
Y ahora vienen los otros, los que te quieren rematar de guapa. Y para conseguirlo, te quieren alicatar. Sí, alicatar; como si fueses uno de los cuartos de baño de la Preisle: hasta el techo.
Y digo yo: si uno, cruzando el puente te ve la fachada alicatá, cuando llega al Altozano, a tu puerta, si no tiene aparcamiento, o da la vuelta o se mete el coche el los webos, y a la derecha ve la hermosa pellichimenea de los cojones. En vez de llegar a Triana se va a creer que está delante del chalé adobado de un vena distraída con mucho parné y er guhto perdío ¿no?