Diez años


Como novia reluciente, Rosa de pitiminí, saliste buscando el puente y el sol se quedó en tu frente al vértela sin cubrir.
El humo te rodeaba, y tu Cara perfumaban las orquídeas de tus plantas. Los vencejos te trinaban y bambalinas doradas anudaban las gargantas. Y llegaste con sigilo. Y Triana te esperaba con Sevilla por testigo para ver como tus hijos de oro te coronaban.
La calle se hizo Templo para salir a tu encuentro en Altozano de gala, mientras reflejos de ensueño de un ocaso aljarafeño el caserío recortaba.
Y tus sienes se llenaron de cariño y devoción, de un oro que apadrinaron Cristos Bienaventurados y manos de Comedor.
Mientras la noche caía, las estrellas a porfía se asomaban para verte y lágrimas parecían, de los hermanos que un día Tú llamaste para siempre
Y bajaste de lo efímero para salir al encuentro de lo que siempre te quiso y te llevó en sus adentros: esta ribera de un río junto a un Puerto jabonero.
Y paseaste tu Gracia; y ralentizaste el tiempo, cuando andabas por San Jorge con tus sones cofradieros. Y llegaste a Alfarería, de Montalbanes secretos esperando tu venida entre azulejos coquetos. Y alegraste en San Jacinto el perfil bello y sereno de una Estrella trianera que bajó desde los cielos. Y la Cava se partía, entre quejíos flamencos con compás por bulerías porque pisabas su suelo. Y la Luz resplandecía. Y otra vez un nuevo encuentro, de madrinas que salían a rendirte pleitesía con sus plegarias y rezos…
Y camino del Zurraque, la noche siguió cayendo. Y una espadaña de plata sus campanas echó al vuelo para dar la bienvenida a la Reina de los Cielos, cuando un barroco Gitano, enclavao en un madero, fue testigo de la dicha de tu barrio trianero.
Y ya enfilaste Castilla, con andares altaneros, y confieso Madre mía que quise parar el tiempo inventando en mi delirio antífonas para tu encuentro:

¡Oh! mi Niña Coronada,
¡Oh! Reina de Tierra y Cielo,
¡Oh! Luz en la madrugada,
¡Oh! Custodia de la Gracia,
¡Oh! Madre de los trianeros.