¡Eh!


Abundan cada vez más. Están floreciendo por día por las aceras y, lo que es peor, por los carriles de bicicletas e incluso por en medio de la calzada.
Servidor se está resistiendo con todas las fuerzas a formar parte de esta especie, pero también soy consciente que tarde o temprano caeré en sus garras.
Te los ves venir de frente con los oídos tapados por unos pinganillos que mediante cables van unidos a un aparato que van manejando con los dedos pulgares de ambas manos. La mirada fija en dicho aparato. Y tan ausentes a lo que les rodea que como no andes listo y los esquives, te llevan por delante. Piden perdón, con cara sorprendida. Y a continuación, siguen a lo suyo.
Si acaso levantan la mirada, es para hacer una fotografía con el mismo susodicho aparatito, para a continuación volver a su postura natural y enviarla a una red social.
No oyen. No ven. Y si sienten, como he dicho antes, es porque han tropezado contigo.
Me imagino que, al igual que en su día salió una ley que prohíbe el uso del teléfono móvil mientras se conduce, dentro de poco tendrá que salir otra que prohíba a estos peatones/zombis el jugarse su vida y la los demás por las ciudades. Porque la verdad, algunas veces te entran ganas de hacerles señas para que noten tu presencia o de gritarles con todas tus fuerzas: ¡Eh! ¡Quillo! ¡Que te va a matar un coche, cojones!