Traidor


Era sospechoso desde primera hora. Los más conspicuos lo venían observando desde el mismo día de la jura. Y tras una larga y ardua investigación, doce pruebas fueron suficientes para su acusación:

No se quedaba a la copita después de las reuniones.

No tenía amigos periodistas ni perfil en ninguna red social.

No filtraba noticias a escondidas.

Hablaba siempre bien de sus compañeros.

Respetaba al presidente.

No tenía ansias de poder.

En las fotos, siempre ocupaba un segundo plano.

Evitaba comentarios por la espalda del obispo y sin embargo, no dudaba en criticarle discreta y personalmente, cuando cualquier acción de éste no le parecía correcta.

No tenía silla ni palco… ni lo quiso.

En su hermandad era querido y respetado por todo el mundo.

Seguía colaborando en todo lo organizado por su hermandad aunque ya hacía tiempo que no era oficial de junta.

Y además de estar en contra del Vía Crucis extraordinario, tuvo el descaro de decirlo.

Ante tan bochornosa demostración, no tuvo más remedio que dimitir, pues quedó claro que era un autentico traidor.