domingo, 26 de febrero de 2012

A través de un farol

Parece mentira lo que se puede ver a través de un farol. Se puede ver una centenaria historia. Un presente y un futuro. Una lágrima. Un compromiso. Un arrepentimiento que merece la pena y otros que no tanto. Una ausencia recordada y otras casi esperadas. Besos cortos en su altura e inmensos y puros de corazón. Un recuerdo. Una compañera. Un capirotero… y otro. Una Cuaresma nueva y conocida a la vez. Una fila que comparte tu camino. Un nudo de garganta ajeno… y otro propio que te impide ver con claridad y no sabes como limpiar sin que se note. Una veteranía enseñando a su sangre en brazos. Un loco como tú. Una mano temblorosa. Un sueño. Un deseo. Un rezo. Un guiño. Una sonrisa. Una promesa. Un ruego. Un Evangelio junto a unas Reglas… y besos; muchos besos…
Parece mentira lo que se puede llegar a ver a través de un farol en apenas veinticinco minutos el primer domingo de Cuaresma.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Loa de Cuaresma

La loa que hoy te escribo, como la del seis de enero, tiene música de fondo con sones campanilleros.
La primera los olvida con sus villancicos pero, ésta segunda ¡Dios mío! la escribo mirando entero un plato de porcelana hondo, de los de puchero, con papas con bacalao color amarillo albero, que me sirven de antesala a ese cuenco zalamero llenito de arroz con leche con canela en los costeros y dos torrijas meladas que ya son mi desafuero cuando con la cucharita, corto trocitos ligeros y con los ojos en blanco trago su manjar dulcero mientras voy imaginando los otros campanilleros; que no son precisamente los de zambomba y pandero, sino los que en pocos días detrás de un palio altanero escucharé en una esquina bajo un naranjo florero en el Domingo soñado en que se estrena algo nuevo.
¿Quién dijo lo de abstinencia? ¿Quién ha dicho que esto es duelo? ¡Es Miércoles de Ceniza! Y viendo irse a febrero, nos quedan cuarenta días ¡Pa otra vez tocar el Cielo!

domingo, 19 de febrero de 2012

Traslado

Cuando en Triana atardece el viernes previo a Cuaresma y el sol se oculta despacio en su cuna aljarafeña tiñendo el cielo de añiles anunciando luces nuevas, un Divino Nazareno, atado por sus muñecas sobre una alfombra de flores que flanquean maniguetas, espera de nuevo el rito de chicotadas pequeñas, que le lleven suavemente al lugar de preferencia donde presidir los cultos que en su honor se concelebran por los fieles y devotos que a orillas de esta ribera intentan seguir sus pasos hace décadas de décadas.
En la oscuridad del templo, y sobre un mar de cabezas, se desplaza suavemente rodeado de promesas entre el perfumado humo que adorna su delantera.
Cera roja le precede, y los ciriales se elevan cada vez que con sus pasos al Altar Mayor se acerca. Y cuando Él llega a éste, es cuando todo comienza: El Jorobao de Quinario, su Madre, luce de hebrea… de nuevo brota el milagro  y en Triana es primavera.

martes, 14 de febrero de 2012

Cartel

Éste es el Cartel que anuncia que la Gloria ya me llega, cuando el Domingo de Ramos en la hora tempranera me acerco por el Postigo estrenando ropa nueva y cojo con mis deditos esa masa calentera para mojarla en café viendo como gorgojea.
Éste sí que es el Cartel que anuncia mi primavera, cuando antes del paseo por calles que piden cera te compras el papelón con su pringue que chorrea y mientras que lo degustas piensas en lo que le queda disfrutar a tus sentidos en una semana entera.
Así que menos pinturas de oleos, pastel o cera. Menos fotos digitales con trípode y escalera…
Y cuando llegue el Domingo; ese Domingo que esperas, en cuanto amanezca el día, ponte tu corbata nueva. Ve paseando Sevilla y degustándola entera. Ve respirando su aire para oxigenar tus venas y que su estampa de luz no ahogue tu alma entera.  Y al pasar por El Postigo, antes de que te conmuevas con una torre asomada a una gótica azotea bajo un sol que pide son de bambalina entre cera, párate antes del Arco. Párate, sobre su acera, y cómprate un cartuchito de su masa calentera.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Corral

Tuvo que ser noviembre, con sus luces enlutadas, el tiempo que puso fin a una vida por la Cava. Aquel día estrené nostalgia de algo que comenzaba hace casi once lustros entre aflamencadas nanas en un corral de vecinos con flores en sus ventanas, olor a copa de cisco y añil en su ropa blanca.
Hoy la cuna está más lejos, y los recuerdos emanan llenos de colores vivos y lenguaje de Triana, que se han convertido en grises de una tierra especulada que entre miserias espera la piqueta despiadada.
La soleá se derrumba, mientras los vientos acaban con las voces corraleras que sin piedad son cambiadas por acentos extranjeros de un Babel de fría mirada.
Aquel día dije a mi cuna, adiós con toda mi alma.
Sentí que me llegó el día, que a muchos, ya les llegara.