Crónica repetida


Vaya leña, con sus mulas, vaya semana con guasa, que parecía la Avenida, Isla Mayor, con sus castas; sólo faltaba el arroz y cangrejos por el agua.
Tor mundo con chubasqueros, blasfemando y con paraguas: ¡ojú qué jartura de año, qué jartura de borrascas, que en vez de estar maqueaos viendo la Semana Santa perecemos marisqueras metidas en las Rías Bajas.
Encima el niño, ioputa, sólo quería granizada, que se me quedó la mano más tiesa que una mojama. Para colmo, sentadito, va el sieso y me la derrama en lo alto la entrepierna esperando que pasara algún que otro nazareno dando estampas y medallas y llevo ya cuatro días como el Pozí, con la espalda, doblá desde abajo a arriba que parezco una alcayata y cuando voy a orinar con un pincho he de sacarla igual que las cañaillas ¡yo me cago en to mi estampa!
Y ahora llega el Viernes Santo y pa cambiar ¡toma agua! Y el niño, en un descuido, al río me tiró el paraguas. Y el coche, por la Cartuja, más lejos que la Alpujarra. Y aquí me tienen ustedes dobladito de la espalda dándole koskis al niño en la larga caminata, cogidito de la mano y chorreando a mansalva que en vez de un nazarenito parecía un hombre rana que hasta lasalío verdina a la túnica en la espalda…
Seguro que hasta Cuaresma no nos viene otra borrasca, a no ser que, mi vecino, el de la calva y las barbas, con esa cara de muerto saque el antifaz de la caja, que tiene más mal bajío que una maldición gitana.