El zoco de algunos

El sol se va asomado por gótica fachada en la mañana clara de itinerante Altar, y el zoco va tomando su primitivo aspecto envuelto en un selecto ambiente electoral.
Poco a poco el mercado tiende su mercancía de hipócrita armonía vendiendo vanidad, y halagos floreados que, en la cara se vierten, por detrás se convierten en filos de puñal.
Las casposas levitas oliendo a naftalina disfrazan la cochina y pobre condición. Los otros, que levitan por cargo novelero aún tienen los dedos manchados de cazón.
El zoco recupera en la hermosa mañana la función clara y llana con la que se creó, llenando sus aceras de falsos mercaderes que en vez de sus enseres venden su pobre honor.
Entre la brillantina y cuellos estirados por el sol alumbrado se levanta el telón, y una fila azulina con cirios y palermos saludan con sus ternos a la fiel afición.
Y en medio de esta farsa, anónimos cofrades defienden sus verdades con luz Sacramental, y viendo a esta comparsa luciendo de esa guisa, disimulan la risa, antes de vomitar.