Recuerdos de una noche de verano

Todo estaba preparado para un encuentro con guasa: los coroneles en fila, de Jabugo, una lonchada, alguna que otra croqueta y sus pavías de pescada, aunque - todo hay que decirlo – antes de que comenzara el desfile de soldados con coronel mando en plaza, le hicimos una camita de Gambrinus, casi helada, a los seis estomaguitos pa que el flatito largaran.
La noche siguió cayendo envuelta en condumio y charla, y cuando consideramos que el hambre ya estaba echada, fuimos en busca de un Muerto a Alhóndiga, por la Alfalfa, y no veas tú la sorpresa cuando entramos en su casa: ¡Que el tío no estaba muerto! ¡Que estaba tirando cañas! Así que nos situamos en la esquina de la barra, juntamos los piesesitos en debajo de la cámara, y le hicimos un retrato entre hielo y copas largas.
Y este es el cuento que un día bajo una noche estrellada, vivió un torero sin luces, un tabernero sin tasca, uno de la Macarena que viene desde la Cava y un Canónigo del Cerro que escribe de madrugada, junto a dos bellas doncellas con cinturas de Giralda.