Babosos morados

Lo esperaban en la puerta; los de la prensa morada…
Y con los micros alerta hacia el carro se lanzaban buscando algunas respuestas a lo que les preocupaba de los “dimes y diretes” de este mundo de fantasmas que empieza por ellos mismos, y en alguna junta acaba.
Querían saciar su incansable hambre de mamarrachadas, para llenar su currículum de medallas apestadas y seguir comiendo gratis de una fiesta que es sagrada.
E insistiendo y peleando, entre ellos, preguntaban: ¿Qué pensaba de un Consejo que los correos filtraba?  ¿Qué pensaba del Cabildo que las cuentas no aprobaba?  ¿Qué pensaba de las sillas, de chinos, que se encontraba? ¿Y las normas del Consejo…? ¿Y los niñatos con guasa…? ¿Y las Glorias y el dinero…? ¿Y el alcalde, con la vara…? ¿Y las "meciditas" tontas con retraso en la Campana…? ¿Y los siete capataces…? ¿Y el adobo…? ¿Y la pescada…?
Y delante de mi Hermano, así se le presentaban. Y mi Hermano, sonreía. Y mi Hermano, los miraba. Y mientras, de un bolso negro, su madre sacaba estampas, medallas y caramelos. Y los tíos no se largaban. Y él pensaba en sus adentros, con su sonrisa marcada: ¡Os queréis quitad de en medio con los micros y las babas! Que estoy viendo al Nazareno derramando en sus zancadas olor a lirio trianero y a geranios de la Cava… ¡Y no me dejáis verlo…! ¡Me "viacagá" en vuestras castas!