Identidad

En realidad, aunque escribo con el seudónimo de Diego Romero, mi nombre verdadero es Armando Bronca Segura. Vine a Triana de monaguillo de un misionero en las Misiones de los años sesenta, pero como el nota me daba mu mala vida y me tenía esmayaito, me escapé mientras él daba un sermón en el Turruñuelo.
Me crié en los corrales del barrio con las pocas sobras que había por aquel entonces, y en sus calles aprendí a jugar al trompo, a bañarme cuando venían los mangueros y a correr de los policías municipales cuando me pillaban comiendo moras en los árboles de la avenida de Coria.
Me gusta mucho la Semana Santa, pero como tengo menos papeles que una liebre robá, al no tener partida de bautismo sólo me he podido apuntar en la Macarena de Irún, en la Dama de Elche y en una Cruz de Mayo de Orense.
Tengo un niño amarillo adoptado… Bueno, más que adoptado es que me lo encontré llorando en la puerta de un restaurante chino y como me dio lástima, me lo llevé a mi casa. Luego, mi compadre, el Charli, que vende tabaco rubio de contrabando y también es ebanista, le dio una manita de barniz, más que nada para que no diera mucho el cante por Triana y la gente temiese que le fuese a contagiar una hepatitis. He estado dos o tres veces a punto de tirarlo al río, pero como coge las ratas una jartá de bien el ioputa, he decidido seguir con él aunque no esté bacunao de la rabia y el moquillo.
Mi profesión es la de flopero... ¿Qué no sabe usted lo que es un flopero? No se preocupe, yo se lo explico en un momentito: un flopero es el que se sienta en la orilla del río a ver cómo saltan las carpas sobre el agua, y cuando éstas lo hacen y al caer en el agua se escucha: ¡flop! Nosotros contestamos: ¡ero! Eso es un flopero. Así que si algún día va usted por el Paseo de La O o por la calle Betis y ve a alguien en la orilla del río diciendo: ¡ero! Pregúntele por el Armando, y si trae usted dinero para convidarme, me tomaré una cervecita con usted con mucho gusto.