Riada blanca

Cuando el Domingo se acaba y se marchita una rosa de las siete que esperamos… Las rosas que reconfortan el corazón sevillano de unos locos que la adoran…
Cuando se diluye el día; el primero que transforma a Sevilla en gloria misma con sus amantes en cola embriagados de su encanto oculto en la dulce sombra que una Giralda bendita desparrama por su alfombra…
Cuando al que sueña estos días durante un año en su alcoba le empieza la melancolía de la primera derrota, aún le queda donde asirse, y su ilusión se rebrota al encontrar tu riada de blanca espuma que flota por las calles ya tranquilas de globos y nuevas ropas.
Riada con Cruz de Malta, que antes de ocultar su aroma y que en San Juan de la Palma atraque un navío su proa tripulado de un Silencio envuelto entre blancas ropas, perfumará Santa Ángela con la Azucena más pronta que Sevilla nos florece y que siempre nos asombra en su perfil de Amargura antes de que un llanto rompa.
Cuando a todos nos parece que el Domingo se derrota, aún nos queda su Amargura, y otra vez, el alma flota.