Marzo

Has llegado como siempre: sorprendiendo. Has llegado con tu aroma, con tu luz, con tus frías sombras y tu cálido claro posándose en la cal de las fachadas. Te estaba esperando ¿sabes? Pero como siempre, me has dejado sin palabras.
Si te digo la verdad, me has cogido sin ganas de escribirte. Pero como siempre, me has cogido con ganas de sentirte. De que me llenes con tu magia.
Estoy, como cada año, ansioso de besarte en el pie de un Primitivo Nazareno, de oírte en el golpe seco de un llamador de mudá, de olerte en la cálida nieve de un naranjo escondido, de saborearte en esa torrija que en casa improvisamos con pan de bollo… De sentirte en el alma.
Llegas, y como siempre, un Nazareno entre lirios ofrece su pie por San Antonio Abad cerquita de un escaparate confitero lleno de capirotes dulces y pasitos en miniatura.
Llegas con el olor de una papeleta de sitio y unas estampitas de estreno para una "monaguilla" en brazos. Con la luz, cada día más alta, que calienta una escalinata que pide rampa. Con caras anónimas y soñadoras portando capirotes en una bolsa por la Plaza del Pan. Con filigrana de tubos que van dando forma a un pasillo de gloria. Con trasiego buscando estreno para un Domingo escrito en la costumbre. Con un cielo deseado para una tarde soñada. Con una nueva infancia. Con unas nuevas palmas para los mismos balcones. Con olor a cera nueva. Con Virgen vestida de Hebrea esperando una bambalina frente a su mirada. Con una corneta y siete plumas contando madrugadas. Con un nuevo sueño para el mismo raso...
Has llegado, y como siempre, no sé qué decirte.