Pasión por una Semana

Que a gusto se queda uno cuando comienza a charlar con la gente de su tiempo, con la gente de su edad, y cerquita del Gambrinus en ambiente cuaresmal, entre olor de los naranjos y torrijas enmelás, se recuerdan viejos tiempos de capirote y costal sin frikis ni mamarrachos que vinieran a inventar.
Que buen ratito se pasa, con la gente de verdad, la que siempre ha comprendido esta fiesta sin igual desde un sinfín de matices, pero sabiéndola amar, y respetar sus pilares de religiosa verdad y no quedarse en la dermis para su alma olvidar.
Que alegría me da en las vísperas ver la aguja en el pajar, después de un año completo teniendo que soportar a rizadores de rizos, remangones de costal, trompeteros de mojones y ateos con antifaz.
Lo dijo algún pregonero: ¡Ponerse, que viallamá! ¡Vámonos con ella al cielo! Con la Sevilla sin par. La auténtica. Sin embusteros. La que busca su verdad perfumando al mundo entero con aroma de azahar y estrenado una luz nueva entre rezo y chicotá.