Y tú, contando...

¿Tú qué cuentas, nazarenos...?
Y yo, buscando el Domingo el que me pega el respingo cuando veo su andar sereno. Cuando bajo de un sol pleno, que lo ilumina de Ramos, marcha en busca de su tramo y pavonea en su cadencia, pues sabe que su presencia, pone la Gloria en mis manos.
¿Tú qué cuentas, nazarenos...?
Y yo, buscando miradas que se quedan atrapadas en unos ojos ajenos. Y se clavan como truenos al alma que los contempla, cuando ya el tiempo no cuenta, pues se detiene convulso y sólo se escucha el pulso en chicotá fina y lenta.
¿Tú qué cuentas, nazarenos...?
Y yo, buscando tabernas, donde reposar las piernas envuelto en ambiente ameno. Para entre ropa de estreno y primavera en vestidos, compartir lo que he vivido en esta piel de María que se convierte en poesía cuando el tiempo es detenido.
¿Tú qué cuentas, nazarenos...?
Y yo, buscando el incienso que en nube se posa lento por delantera y costeros. Cuando la voz de un saetero, como un dardo lo atraviesa, mientras el aire lo apresa llenándolo de fragancia que sale de la abundancia de la flor que lo adereza.
¿Tú qué cuentas, nazarenos...?
Y yo, paseando mañanas de vísperas que derraman ceras recién encendidas. Y flor que espera escondida el golpe de un llamador, para llenar de esplendor dinteles de bambalinas que un sol de tarde ilumina con su dorado calor.
¿Tú qué cuentas, nazarenos...?
Pues apúntame en la lista de los que gastamos vista para esquivar el terreno… Y a las sillas que unos memos ponen por todos los laos… Y al montón de espabilaos que sueñan con un palquillo, para encargarle a un pardillo, tu trabajito, ¡pringao!