¡Ay! Castilla

La calle Castilla tiene recuerdos en la memoria, y en azulejos, la historia de alturas de unas riás, y el sabor que se mantiene escondido en sus portales me huele a antiguas postales y cocinas de corral.

Tiene sonido a tranvía con estival jardinera, y un tope donde quisiera volver de nuevo a subir. Un olor a freiduría de choco y pescada frita recuerda a una Galleguita de inmaculado mandil.

Un Corral de los Judíos con su fachada trasera, hacía la vez de escalera, a un baño en Guadalquivir, y cuando el olor del río entre tu piel se pegaba a tu casa regresabas pensando en el qué decir.

Tienda de Los Espejitos, con sus cajas en la puerta de arenques, muy bien dispuestas, y pilongas a granel. Y en papel de estraza escrita, en cajones de madera, cuenta guardada a la espera de un sábado con parné.

Desde el Mercado al Zurraque la calle se paseaba de una Triana guardada en memoria del bloguero. Hoy le recuerda su empaque un Viernes de atardecida, cuando un Cristo al cielo mira y lo sigue un Nazareno.