No te voy a echar de menos

Te vas y sólo me dejas, los sobacos escocíos y el contador de la luz, temiendo que llegue el tío y apunte en la maquinita, con aires de desafío, el sablazo que su empresa dejará con poderío en lo alto de mi lomo, sin que yo diga ni pío.
Te vas a la vez que vuelve, otra vez ese gentío que con sus carnes morenas, me llega desde el estío a ocupar mi aparcamiento, que siempre estaba vacío, esperando que llegara de comprar los desavíos, un servidor con su coche, a su libre albedrío.
Te vas, pero yo te juro, que desde un inmenso hastío, no te voy a echar de menos desde mi rincón sombrío, porque vaya la que has dado en ésta orilla del río, sin ni siquiera un momento relajado de rocío.
Así que, querido agosto: ¡vete por dónde has venío!