Una Cava en la memoria

Recuerdo tu arboleda, plantada en anarquía, soltando melodías de hojas con el viento y cómo la alhucema, en las mañanas frías, sin vacilar salía de todos tus adentros.
Recuerdo la humareda, de un tejar alfarero, amenazando en cielo con tiznes de azoteas y cómo una moneda, cruzada de agujero, era trueque dulcero en puesto de madera.
Recuerdo tus corrales, cuajados de geranios, y alegres vecindarios entre puertas abiertas y cómo los chavales, jugaban a corsarios, mientras que algún canario le cantaba a la siesta.
Recuerdo tus olores, de pucheros al fuego, reposando en sosiego sus humildes viandas y cómo aquellas flores, que provocaban celos, con aires veraniegos cuajaban tus barandas.
Recuerdo tus exilios, de muebles en las puertas, para dejar desierta la tierra especulada y cómo aquel auxilio, de promesas inciertas, fue la muerte encubierta de tu historia afamada.