Alergia a los crustáceos

Asco dais al caminar, rozando vuestro trasero por si acaso, al agujero, le cae un puntazo detrás. Para mientras, palmear, con las manitas en alto, y que casi os dé un infarto con la vena toa inrritá.

Asco dais al molestar, a los miembros de un cortejo, con vuestro andar cangrejo de muy poca educación, y no dejar caminar a acólitos con ciriales que aguantan, pobres chavales, que los pisotee un cabrón.

Asco dais, con esa cara, que se os pone delante, de mamonas arrogantes a los que todo da igual. Y desde vuestra piara, que formáis como pavos, se nota que  os suda el nabo a quien vais a empujar.

Asco dais, pero además, os creéis que sois cofrades, y de los más ejemplares, de toda la cristiandad. Y lo que sois es una grey, con muy poquita vergüenza, que arrolla y que tropieza con el que bien puesto está.

Asco dais, y si pensáis, que lo que hacéis es correcto y que aquí to los defectos los tiene el que firma abajo, mejor será que no leáis lo que es la despedida, para que en ella os diga: ¡que os comáis un… pitisú!