Calle

Jamás hubiese pensado un servidor, cuando jugaba a ladrones y policías en aquel coche americano abandonado a su suerte en el gran patio de albero que servía de antesala al cine Avenida de verano que, en ese suelo, iba a crearse una calle con tu Nombre.
Una calle desde la Cava a Castilla. No podía ser otro suelo. Desde la Cava a Castilla cruzando Alfarería. Una calle entre aromas en el recuerdo de damas de noche de dos cines de verano. Una calle sobre un suelo de arcilla alfarera; esa arcilla alfarera que sirvió para hacerte ese Altar desde el que recibes a tu barrio.
Siempre buscó el bloguero el camino más corto hacia tus plantas desde el día que te conoció… ¿O fuiste Tú el que lo conoció a él? Quién sabe. Sabrás Tú mejor que el bloguero cuantos de los que te buscaron en vida pisaron el suelo que hoy ocupa tu calle. Sabrás Tú, mejor que nadie, cuantos, en la intimidad de una fría y húmeda alcoba de corral de vecinos sobre ese suelo, solicitaron tu ayuda mirándote en una vieja foto en blanco y negro entre los pobres adornos de una vieja cómoda.
El barrio ha cambiado. Como todo. Hoy el hambre más que en él, viene a él. Viene a él en un Comedor que unas monjas mantienen contra viento y marea. Precisamente es ahí donde el destino ha querido que empiece tu calle. Cosas del destino: un camino más, recto desde el hambre al Sagrario. Un camino más, recto desde la Cava a tu altar de cerámica trianera.
Lástima que para el bloguero la Cava sólo sean recuerdos. Lástima que para el bloguero esa nueva calle ya no pueda ser el camino más corto antes de su estación de penitencia envuelto en el raso morado de una tarde de Viernes Santo.
El bloguero, además de sentir una gran alegría, sólo sueña – como tantos trianeros en la distancia – lo bonito que sería poder poner en el remite de sus cartas: “calle de Nuestro Padre Jesús Nazareno”.