Manos de mujer

Me gusta la ensaladilla y las papas aliñás. Los trocitos de tortilla y pepitos de pringá. La empanada de bonito y un buen pastel vegetal. Un par de huevos rellenos y después, carne mechá. Y antes de echar el flatito, un postrecito de , que tenga nata montada en el bizcocho pegá.
Pero lo que más me gusta, son las manos que lo dan. Desinteresadamente. Y que a cambio pedirán que aportes sólo un poquito para una Obra Social y multiplicar los panes en actos de caridad siguiendo lo que está escrito, por Quien preside un Altar de cerámica trianera en éste viejo arrabal, envidia de quien no pudo, nunca su suelo pisar.
Y los viernes, en La O, tras la misa de Hermandad, se destapan fiambreras de delicioso manjar y en un ambiente gracioso, lleno de cordialidad, se convierten en ingresos de Bolsa de Caridad y una “Esperanza y Vida” que ayuda a quien vida da, en la Hermandad más bonita que se pueda imaginar.
Que Él y Ella os lo paguen, con mucha felicidad, al igual que estoy seguro que los que a su lado están, se sentirán orgullosos del callado trabajar en esta Hermandad que ellos, un día supieron amar, y que al igual que a vosotras, hoy conviene recordar.