Sello propio

Cuando no tienes por qué parecerte a nadie ¿para qué intentarlo?
Cuando tienes un sello propio que has forjado a través del tiempo y te ha llenado de gloria e imitadores, ¿qué problema tienes?
Este mundo de las cofradías, y todo lo que las rodea, está lleno de gente que va de un sitio a otro intentando amoldar instituciones, en muchos casos con siglos de historia, a su gusto y canon.
Vamos a ver, hijo mío: si a ti lo que te gusta es una marcha flamenquita y un izquierdo por delante ¿para qué te apuntas en una hermandad de ruan?...
O al revés: si lo que te gusta es un cortejo que impida a los participantes hasta el respirar, ¿a qué viene apuntarte en esa hermandad de barrio llena de algarabía y madres con bolsas de avituallamiento?
Algunos se creen que las hermandades y cofradías, algunas con siglos como he dicho antes, empiezan cuando ellos llegan, e intentan cambiarlo todo de cabo a rabo sin respetar el sello propio de la misma, y lo que es peor, sin elegir el sitio adecuado. Porque – gracias a Dios – este mundo de las cofradía de Sevilla y todo lo que lo rodea, está lleno de riqueza, de matices y de estilos, lo único que hay que saber es escoger el lugar apropiado y, sobre todo, respetarlo.