Sevillanía

Qué cosa más sevillana un palio cuando se marcha, y lo vas viendo alejarse, envuelto en la nube blanca que el incienso va soltando llenándolo de fragancia.
Ves la caída del manto como celestial cascada, flanqueado en ambos lados por una luz cimbreada de candelabros de cola con brazos de filigrana para que no escape un trozo a su cera iluminada.
Aún se conserva en el aire el olor que desparrama. De cera virgen y flores. De plata recién limpiada. De sudor de brega interna y de esparto en sus pisadas. Y lo vas viendo perderse como una marea baja moviendo sus suaves olas de bambalinas bordadas mezcladas con los compases de una marcha bien tocada.
No hay en Sevilla una cosa que pueda identificarla con más precisión fehaciente simbolizando su gracia que un palio andando de frente, observado por su espalda, que al verlo dice la gente: ¡Qué cosa más sevillana!