Romance del "tontolaba"

Cuando se llena de vara la mano de un “tontolaba” se le va poniendo cara de lo que te figurabas pero que tenías dudas por si acaso equivocabas la impresión que desde antes al olfato te llegaba.
A un tonto con una vara se le pone la mirada de iluminado babieca sobre una nube de babas que él sólo va repostando con la que es derramada por su boca medio abierta de quijada descolgada. Va pegando cabezazos a ambos lados de su andada a todo al que identifica, como a otro “tontolaba”, y que ese día descansa y no ha sacado su vara.
Abrazan a cualquier cosa que tenga traje y corbata. A los anillos de oro, los limpian bien con sus babas. A los “vuelkas” pintureros los llenan de besucadas. A los de los ternos negros, llamadores les regalan a cambio de algunos votos en elecciones pactadas. Y a los de la “prensa rosa” que algunos llaman “morada” les regalan hasta el culo -y perdón por la horterada- con tal de alguna entrevista, ya sea escrita o sea radiada, aunque sea por Radiotaxi, y si no, televisada, para que se  le vea el nudo de rayas de su corbata y el escudito de oro colocado en la solapa.
Yo creo que más de uno de estos maestros de nada, son hasta profesionales, pues dedican su jornada a pasear por saraos, peregrinación viajada, “pescaitos”, “igulás”, conciertos y poetadas.
Todo sea por codearse, para que sea retratada, la carita de panoli, a ser posible, con vara, y que todo el mundo sepa, que muy lejos de ser nada él pertenece orgulloso al gremio de los “tontolabas”.